viernes, 12 de marzo de 2010

CAPÍTULO OCHO

CAPÍTULO OCHO


«TE NECESITAMOS OTRA VEZ»

Cuando regresé de mi último viaje a México y Guatemala, creí que iba a poder disfrutar

de algo de tiempo para mí, pero estaba completamente equivocado.

Yo creo que la Madre Tierra utiliza cada minuto de su tiempo para seguir expandiendo la

consciencia e intentando poner en práctica nuevas ideas de todas las maneras que es

capaz de imaginar.

Thoth regresó durante una de mis meditaciones, y me dijo: —Drunvalo, te necesitamos

otra vez. Es necesario que se lleve a cabo otra corrección de la red. ¿Estás listo para el

servicio?

Si no hubiera sido porque Ken tenía dinero y pagó gran parte tic los gastos, el último

viaje habría supuesto un duro golpe para mis finanzas. Pero como no había sido así, pude

permitirme continuar. Thoth me dejó claro desde el principio que Ken no iba a formar

parte del próximo viaje. Pero no me especificó lo que debía conseguirse en él. Quería que

me comprometiera antes de explicarme la situación.

Supuse que me estaba volviendo a poner a prueba. Daba la sensación de que eso era lo

que hacía constantemente, por lo que le respondí:

—Thoth, tú sabes que la única razón por la que vine a la Tierra fue para ayudar a la

humanidad. Dime qué es lo que necesitas.

Empezó a ofrecerme una larguísima explicación que duró casi dos horas. En resumen, me

dijo que la energía sexual de la mujer (de todas las mujeres de la Tierra) estaba

desequilibrada con respecto a la del hombre, y que incluso aunque en aquel momento ese

desequilibrio era pequeño, se haría inmenso cuando la ascensión planetaria diera comienzo

al cabo de unos pocos años. Debíamos devolver un equilibrio casi perfecto a esa energía

sexual o las consecuencias posteriores serían muy importantes.

Como realmente no le entendía, sólo podía intentar absorber lo que me estaba diciendo.

—De acuerdo, entonces. ¿Cómo quieres que empiece?

Thoth empezó a hablar como si lo llevara ensayado.

—Tienes que comprar un cristal de calcita verde de unos treinta centímetros cuadrados

y que tenga una gran calidad. Deberás partirlo exactamente en cuarenta y dos trozos de

aproximadamente el mismo tamaño, a excepción de los dos últimos, que serán un poco

mayores.

Yo sabía dónde podía encontrar ese cristal, pues lo había visto unos meses antes,

suponiendo que todavía estuviera allí.

—Sin problemas —le contesté—, sé dónde hay uno.

Thoth se me quedó mirando durante un minuto sin hablar, y luego me dijo:

—Cuando tengas los cuarenta y dos trozos, debes soñar que cuarenta y dos mujeres van

a venir para ayudarte en este proyecto. Estas cuarenta y dos mujeres saben quiénes son,

pero tú debes crear el sueño. ¿Lo has entendido?

Estuve a punto de echarme a reír a carcajadas. Thoth sabía lo que estaba pensando, bajó

ligeramente los ojos y me dirigió una mirada oblicua. ¿Cómo es posible conseguir que

cuarenta y dos mujeres cooperen en algo? (Es broma.)

—No estamos hablando de tus conceptos de la energía humana —me dijo—. Se trata de

tu sueño.

—Muy bien. Cuando tenga los cuarenta y dos cristales y las cuarenta y dos mujeres

aparezcan por arte de magia, ¿qué debo hacer? —pregunté.

Se enderezó y recuperó su habitual forma estudiada de ser.

—Lo que vas a hacer debe estar perfectamente calculado. La alteración de la Red de

Conciencia de Unidad sólo es posible durante unos pocos minutos. No habrá espacio ni

para un error de un minuto. Por eso, en tu sueño, debes verlo suceder como si un

ordenador estuviera controlando los acontecimientos. ¿Lo has comprendido? —No dije

nada, y él continuó—: Existen cuarenta y dos lugares sagrados en la Tierra que deben ser

cambiados de forma simultánea. Estos cuarenta y dos sitios están relacionados con los

cuarenta y dos cromosomas principales del ADN humano. Cuarenta y uno de ellos están en

el círculo femenino de la red, y el último está en Egipto, a unos dos kilómetros y medio de

la Gran Pirámide, en medio del desierto.

»Los lugares cuarenta y uno y cuarenta y dos están íntimamente conectados. El cuarenta

y uno se localiza en el centro de la isla de Moorea, en el Pacífico Sur.

Moorea y Egipto (el lugar número cuarenta y dos) eran los extremos del eje de la Red de

Conciencia de Unidad, por lo que aquello tenía sentido.

Thoth respiró profundamente y siguió diciendo: —Cuando este ajuste se realice, debes

contar con un hombre y una mujer en cada extremo del eje, en Egipto y Moorea, mientras

que otras cuarenta mujeres estarán también situadas en los cuarenta lugares sagrados

concretos que te voy a nombrar. Debes creer en tu sueño. Ve preparando todo esto y yo

te daré los detalles finales cuando nos vayamos acercando a ese momento.

Thoth dejó mi meditación y yo regresé a la habitación pensando que me acababan de dar

una misión casi imposible. ¿Cómo iba a encontrar a cuarenta y dos mujeres (y otro

hombre y yo, por lo que en total sumábamos cuarenta y dos mujeres y dos hombres) que

pudieran hacer esto exactamente el mismo día en cuarenta y dos lugares diferentes del

mundo? Honradamente estaba convencido de que ni siquiera conocía a cuarenta y dos

mujeres.

Pero, como él me había indicado, no se trataba de lo que normalmente se considera

posible; lo único que importaba era el proceso del sueño. Suspiré y dejé todo en manos de

Dios. Sentí que no había forma humana de que Drunvalo pudiera conseguirlo.

Fui a la tienda de cristales donde había visto la calcita verde un par de meses atrás, y

todavía seguía allí. Por alguna razón, sabía que así iba a ser. Compré el cristal y, de camino

hacia casa, intenté visualizar la manera de partirlo exactamente en cuarenta y dos

pedazos. La verdad es que no tenía ni idea de cómo hacerlo.

Decidí empezar partiéndolo por la mitad, y resultó ser más fácil de lo que había

imaginado. A continuación, partí a su vez cada uno de los trozos por la mitad. Seguí

haciéndolo hasta tener dieciséis pedazos, pero a partir de ese momento tuve que tener

mucho más cuidado y pensar mucho cómo debía cortar cada uno de ellos para conseguir

tener al final los cuarenta y dos que deseaba. Fue bastante sencillo, si exceptuamos el

proceso de pensar en cómo hacerlo. Cuando partí los dos últimos trozos, completando los

cuarenta y dos cristales, me sentí inmensamente orgulloso de mí mismo. Daba la sensación

de que se había hecho sin esfuerzo.

Ahora venía lo que creí que iba a ser la parte difícil: las cuarenta y dos mujeres. No me

preocupaba el hombre. Estaba seguro de poder contar con algún amigo que quisiera hacer

ese viaje para mí.

Pero el hecho de encontrar a las mujeres no fue tan complicado como yo había imaginado.

Me quedé allí sentado, sin hacer absolutamente nada. Una mujer, a veces dos, llegaban a

la Escuela de Misterio Nakkal y me decían que se iban a un lugar sagrado del océano

Pacífico, o a Perú, o a California, exactamente a los lugares a los que Thoth quería que

fueran. Siempre terminaban preguntando:

— ¿Quieres que haga algo mientras esté allí?

A cada una de ellas le expliqué la misión y le pregunté si deseaba tomar parte en ella. Y

cada una de las mujeres me respondió:

—Por supuesto. Estaré encantada de ayudarte. Ya tengo el billete de avión y estoy lista

para partir.

Era una de las situaciones más asombrosas que yo había presenciado jamás.

La parte que no les expliqué a la mayoría de ellas fueron las instrucciones finales. Pero no

era necesario; todo lo que tenían que hacer era estar allí en el momento preciso con su

cristal y mantener el espacio. Incluso sincronizamos nuestros relojes según el mío para

ser lo más exactos posible.

Aproximadamente un mes antes de que partiera para este viaje, Thoth se me apareció

de nuevo en mi meditación.

—Drunvalo —me dijo—, el varón del polo norte, situado en Egipto, va a sufrir un cambio

sexual con la parte femenina de sí mismo, y la hembra del polo sur de la red, situada en

Moorea, experimentará simultáneamente un ajuste sexual dentro de su aspecto

femenino. La mujer que estará con el hombre en Egipto será la que controle todo el

ajuste, mientras que el varón, que serás tú, será el actor secundario en el polo sur para

controlar a la hembra que estará sufriendo el cambio.

»En un momento muy concreto en el tiempo, el espacio y la dimensión, la mujer de Egipto

dejará caer uno de los cristales de calcita verde en un agujero del suelo, cerca de la

fuente de esta Red de Unidad que sale de la Tierra. Mientras el cristal esté cayendo, y

unos pocos minutos después, es cuando el ajuste puede realizarse.

»Para que se pueda llevar a cabo este trabajo, las cuarenta mujeres deben estar en sus

lugares de todo el mundo, sosteniendo su trozo del cristal original y meditando acerca de

este cambio en el equilibrio de la Red de Conciencia de Unidad.

Thoth quería que yo fuera el varón de Moorea y me dijo que debería elegir a la mujer.

Sobre ese particular, no había posible duda. Yo tenía novia, y si hubiera elegido a

cualquier otra, probablemente no estaría ahora vivo para contar esta historia.

Aparentemente todo estaba en orden, por lo que mi novia y yo nos dirigimos a Moorea,

mientras el resto de las mujeres y el otro hombre se ponían en camino hacia sus

respectivos lugares en todo el mundo. Todo lo que podía hacer era confiar en el Gran

Espíritu, pues sólo Él podía coordinar un acontecimiento tan elaborado.

Yo sólo estaba en contacto con una persona del grupo, la mujer de Egipto, para confirmar

que todo funcionaba correctamente.

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